3.10.10

Diumenge


“Las mañanas de domingo cuando, atontados pero felices por ese día de asueto que empieza, nos ponemos un viejo jersey cómodo y bajamos a preparar el café (…) Uno se siente deliciosamente medio dormido todavía, disfruta aún unos instantes, en silencio, de no estar sometido a la ley del trabajo, se frota los ojos con aprecio por sí mismo y, cuando ya se eleva el olor palpable del café caliente, se sienta al fin ante su tazón humeante, (…) y, entornando los párpados, reconoce en silencio el sabor agridulce de la felicidad”

Muriel Barbery