8.11.10

De llegir i altres lectures


"El amor por la lectura es algo que se aprende pero no se enseña. De la misma forma que nadie puede obligarnos a enamorarnos, nadie puede obligarnos a amar un libro. Son cosas que ocurren por razones misteriosas, pero de lo que sí estoy convencido es que a cada uno de nosotros hay un libro que nos espera. En algún lugar de la biblioteca hay una página que ha sido escrita para nosotros"

Alberto Manguel


4 comentaris:

Mireia ha dit...

Doncs no li falta raó!!

nomás por fun ha dit...

I quina pàgina de quin llibre et va esperar a tú?... per fer-te lletraferida?

Que bé acompanya Cat Power!

http://www.youtube.com/watch?v=v_jqNjpoeHI

Però... Conèixes alguna cançó amb la que hi aniries a la fin del món...i encara seguiries endavant?

núria ha dit...

Mmm la veritat és que no ho sé, sempre m’han agradat molt els llibres. Però potser la primera, primeríssima vegada que unes lletres em van robar el cor a la primera pàgina va ser fa molts, molts i molts anys amb el Barón Rampante. Mira, inclús quan sento el nom d’ Italo Calvino, em ve un somriure tonto i tot
“ Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco de Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros” … aixxxx m’he de tornar a llegir aquest llibre …

Músiques a la fi del món me’n enduria moltes ! que una sola seria massa repetitiva :)

I tu ?

nomás por fun ha dit...

Tres inicis que recordo de tres llibres que no podré oblidar:

"El pueblo de Holcomb está en la elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman "allá".

"Hace un frío espantoso -18ºC bajo cero- y está nevando. En el idioma que ya ha dejado de ser el mío, este tipo de nieve se llama qanik, grandes cristales, casi ingrávidos, que caen en forma de copos cubriendo el suelo con una blanca capa de escarcha en polvo".

"Aunque su padre habia imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, Hervé Joncour había acabado ganándose la vida en una insólita ocupación, tan amable que, por singular ironía, traslucía un vago aire femenino. Para vivir, Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.
Era 1861. Flaubert estaba escribiendo Salambô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería.
Hervé Joncour tenía 32 años.
Compraba y vendía.
Gusanos de seda.